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Cambios
Yo también tuve miedo cuando dejé de servirte la comida. Pensé que eso era importante, que tú lo valorabas. Pero no podía, de verdad que no podía. Las piernas se me doblaban y la espalda me dolía. Pensé que dejarías de quererme porque yo siempre fui geisha contigo y me gustaba serlo. Atenderte, mimarte era entretenido, gozoso. Pero después en la enfermedad ya no podía y entonces pensé que me dejarías porque ya no te sirvo la comida. No sé si lo echas de menos, el que te sirva la comida. Ahora disfruto que tú me sirvas la comida y que calientes mis manos, aprendí a que esto también es entretenido y gozoso y además no me has dejado.
Más Cambios
He sido cariñosa y ahora no lo soy tanto, o sea, no tanto como aquellos años donde te besuqueaba a cada rato, donde te atosigaba de abrazos y caricias. Tuve miedo de cansarte, de ahogarte con mis cariños y frené mis manos y sellé mis labios. Traté de imitar tus caricias menos efusivas que las mías, traté de aprender a dar las mismas dosis de ternura que me dabas, que siempre las sentí insuficientes. Pero en esto de estar en lo correcto tú fuiste mi guía y entendí que besarte en la calle no era lo apropiado y menos acorralarte contra cualquier muro, que langüetear tampoco se hacía en público y que al bailar mi pierna no iba a tu entrepierna.
Y tú me querías así, y yo lo he cambiado para que me siguieras queriendo.
Y tú me querías así, y yo lo he cambiado para que me siguieras queriendo.

